El espiritu de las disciplinas

El espiritu de las disciplinas

by Dallas Willard

Paperback(Translatio)

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Overview

Una manera de vivir que permite que hombres y mujeres del pueblo disfruten del fruto de la vida cristiana.

Product Details

ISBN-13: 9780829757514
Publisher: Vida
Publication date: 09/09/2010
Edition description: Translatio
Pages: 288
Sales rank: 531,786
Product dimensions: 5.30(w) x 8.30(h) x 0.90(d)
Age Range: 18 Years

About the Author

El teólogo y académico Dallas Willard es ya desde hace mucho tiempo una voz elocuente que nos habla de la relevancia de Dios en nuestra vida cotidiana. Sus revolucionarios libros, La divina conspiración, y El espíritu de las disciplinas cambiaron para siempre la forma en que miles de cristianos viven su fe. Es profesor en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Carolina del Sur, y profesor visitante en la UCLA y la Universidad de Colorado. Vive en California del sur.

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El ESPÍRITU de las DISCIPLINAS

¿Cómo transforma Dios la vida?
By Dallas Willard

ZONDERVAN

Copyright © 1990 Dallas Willard
All right reserved.

ISBN: 978-0-8297-5751-4


Chapter One

El secreto del yugo fácil

Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. MATEO 11:29-30 (RVR 1960)

Sus mandamientos no son gravosos. 1 JUAN 5:3 (RVR1960)

Una estimación más razonable de los costos y valores humanos nos llevará a pensar que ninguna labor es mejor invertida que aquella que explora el camino a las moradas del tesoro del espíritu, y demuestra a la humanidad dónde encontrar esos bienes que aumentan al ser compartidos, y que no nos pueden ser arrebatados. WILLIAM RALPHINGE

«No es que el cristianismo haya sido probado y encontrado falto, sino que se lo ha encontrado difícil y no se ha probado». Así declaró aquel visionario e ingenioso cristiano, G. K. Chesterton. Si hablaba totalmente en serio o no, existe una creencia casi universal en la dificultad de ser un cristiano real. El vasto, y adusto «costo del discipulado» es algo que constantemente oímos enfatizar. La observación de Chesterton puede por lo menos tomarse como un reflejo de la actitud de muchas personas serias ante el camino de cristo.

Pero no debe dejarse en pie como toda la verdad. Haríamos mucho mejor en colocar un claro y constante énfasis también en el costo del no discipulado. Como nos recuerda Søren Kierkegaard, le cuesta tanto o aun más a un hombre ir al infierno que venir al cielo. Angosto, muy angosto es el camino a la perdición!».

Proverbios 13:15 nos dice que el camino de los transgresores es duro. También podemos aprender esto por medio de una cándida observación de la vida. En verdad, una gran parte del libro de Proverbios en el antiguo Testamento simplemente registra el resultado de tal observación. El libro entero es un canto de alabanza al camino del justo por sobre el del malvado, no dejando ninguna duda sobre en qué vida se encuentran, el gozo y la fuerza.

Apartarse de la justicia es escoger una vida de cargas aplastantes, fracasos y desilusiones, una vida atrapada en los trabajos duros de interminables problemas que nunca son resueltos. Aquí está la fuente de esa telenovela sin fin, esa película con episodios de horror conocida como la vida humana normal. El "costo del discipulado", aunque exija todo lo que tenemos, es pequeño si lo comparamos con la suerte de los que no aceptan la invitación de cristo para participar de su compañía en el camino de la vida.

Las palabras de Jesús citadas en Mateo 11:29-30 presentan una alternativa a la desolación de la existencia vivida aparte de dios. Sin embargo, con toda honestidad, la mayoría de los cristianos probablemente perciben tanto las declaraciones de Jesús como su reiteración por el autor de 1 Juan (5:3) más como expresión de una esperanza o un simple deseo que como una declaración acerca de la sustancia de sus vidas. Para muchos, las palabras de Jesús resultan francamente desconcertantes. Las escuchamos citadas a menudo, porque la idea que expresan es obviamente una que atrae y deleita, pero parece haber algo en la forma en que nos acercamos a ellas, algo sobre lo que entendemos por caminar con cristo y obedecerlo, que nos impide a la mayoría entrar en la realidad que ellas expresan. Raramente disfrutamos, y menos observamos, la facilidad, la liviandad y el poder de su camino como calidad penetrante y perdurable en nuestra existencia humana a nivel de la calle.

Por eso no alcanzamos la fuerza que deberíamos tener, y los mandatos de Jesús se nos hacen abrumadoramente agobiantes. De hecho, muchos cristianos no pueden siquiera creer que su intención fue que los cumpliéramos. Entonces, ¿cuál es el resultado? Tratamos sus enseñanzas como meros ideales, por medio de las cuales podremos mejorarnos con la esperanza de quizá alcanzarlas, aunque reconocemos con toda certeza que fallaremos rotundamente.

Es una historia familiar. «Somos solo humanos», decimos, y «errar es humano». Tales pronunciamientos pueden ser para otra edad o «dispensación», podemos pensar, o quizá sean para cuando estemos en el cielo. Pero no pueden ser para nosotros ahora. No en realidad. Jesús no pudo haber impuesto algo tan duro sobre nosotros. Y además, estamos en un período de gracia -somos salvos por gracia, no por algo que hagamos- por lo que la obediencia a cristo no es de veras necesaria. Y de todos modos, es tan difícil que no es esperable en nosotros, y mucho menos que lo disfrutemos.

Y así razonamos. Todos nuestros razonamientos no pueden, sin embargo, remover la idea de que Jesús nos llama a seguirle, seguirle ahora, no después de la muerte.

Nadie niega que estaríamos mucho mejor y que nuestro mundo sería un lugar infinitamente mejor, si nos asimiláramos de hecho y de espíritu a él y a sus enseñanzas. Toda nuestra falta de entendimiento no anula su oferta de un yugo fácil y una carga liviana, donde nuestras almas puedan encontrar descanso. Esa oferta, como el llamado a seguirle, está claramente dirigida a nosotros aquí y ahora, en medio de esta vida donde laboramos, llevamos cargas imposibles y clamamos por descanso. Es verdad. Es real. Solo debemos asirnos del secreto de entrar en ese yugo fácil

¿Cuál es el secreto? Hay una respuesta muy sencilla para esta pregunta tan importante. Es una que puede ser presentada y aun aclarada completamente, comparando algunos hechos que nos son muy familiares.

Pensemos en ciertos jóvenes que idolatran a un sobresaliente jugador de béisbol. No hay nada que anhelen tanto como poder lanzar o correr o batear tan bien como su ídolo. Entonces, ¿qué hacen? Cuando están jugando béisbol, todos tratan de portarse exactamente como lo hace su astro de béisbol favorito. La estrella es bien conocida por lanzarse de cabeza a las primeras bases, por lo que los adolescentes también lo hacen. El jugador estrella sostiene su bate sobre la cabeza, y los adolescentes también. Esto jóvenes copian todo y cualquier cosa que haga su ídolo para ser como él. Por eso compran el mismo modelo de zapato, el mismo guante y el mismo bate que él usa.

¿Serán capaces, sin embargo, de desempeñarse como la estrella? conocemos bien la respuesta. Sabemos que no tendrán éxito si todo lo que hacen es imitarlo en el juego sin importar las condiciones personales. el mismo jugador estrella no logró su excelencia tratando de comportarse de cierta manera solo durante el juego. Al contrario, escogió una preparación constante de mente y cuerpo, vertiendo todas sus energías en ese proceso integral para proveer un fundamento en las respuestas automáticas del cuerpo y valor en sus esfuerzos conscientes durante el desarrollo del juego. Por eso vemos que esas exquisitas respuestas, el asombroso y oportuno aprovechamiento del tiempo y la fuerza que despliega el atleta no se producen ni se mantienen solo por las cortas horas del juego mismo. Están a disposición del deportista para ese breve y decisivo tiempo debido a un régimen diario que nadie observa. Por ejemplo, una dieta adecuada, el descanso y los ejercicios específicos para determinados músculos no son partes del juego mismo, pero sin ellos la actuación del atleta ciertamente no sería sobresaliente. Algunos de estos hábitos pueden incluso parecernos necios, pero el deportista de élite sabe que la disciplina debe asumirse, y asumirse correctamente, o todos sus talentos naturales y mejores esfuerzos caerán derrotados ante otros que sí se han preparado con disciplina para el juego.

Lo que encontramos aquí es aplicable a cualquier empresa capaz de darle significado a nuestras vidas. Estamos refiriéndonos a un principio general de la vida humana. Es aplicable al conferencista, al músico, al profesor o al cirujano. Un desempeño exitoso en un momento de crisis dependerá en gran manera -y esencialmente- de la acuciosidad de una preparación sabia y rigurosa en la totalidad de su ser, mente y cuerpo.

Y lo que es aplicable a actividades específicas es, por cierto, aplicable a la vida como un todo. Como lo observó Platón hace mucho tiempo, existe un arte de vivir, y el vivir es excelente solo cuando el ser humano está preparado en toda la profundidad y dimensiones de su condición.

Es más, esta no es una verdad que se pueda dejar de lado cuando llegamos a nuestra relación con dios. Somos salvos por gracia, por cierto, y solo por ella, y no porque lo merecemos. Esa es la base de nuestra aceptación por dios. Sin embargo, la gracia no significa que la suficiente fuerza y visión se «infundirán» automáticamente en nuestro ser en el momento de la necesidad. Hay abundante evidencia para esta afirmación disponible precisamente en la experiencia de cualquier cristiano. Solo tenemos que mirar los hechos. Un jugador de béisbol que espera sobresalir en el juego sin el adecuado ejercicio de su cuerpo no es más ridículo que el cristiano que espera poder actuar a la manera de cristo cuando es probado sin el apropiado ejercicio en la vida devota.

Como es obvio por el registro de su propia vida, Jesús comprendió bien este hecho y vivió según él. Debido a la predisposición contemporánea con la cual leemos los evangelios -tendencia que trataremos más adelante- tenemos gran dificultad para ver el principal énfasis de su vida. Olvidamos que el hecho de ser el unigénito Hijo de dios no lo libró de la necesidad de una vida de preparación que se desarrolló mayormente fuera de la mirada pública. A pesar de los eventos auspiciosos que rodearon su nacimiento, creció en la reclusión de una familia sencilla en la humilde Nazaret. A los doce años, como lo relata Lucas 2:46, exhibió una comprensión asombrosa "en medio de los doctores" en Jerusalén. Sin embargo volvió al hogar con sus padres y por los próximos dieciocho años estuvo sujeto a las demandas de su familia.

Luego, después de recibir el bautismo de manos de su primo Juan el bautista, Jesús estuvo en la soledad y ayunó por un mes y medio. También durante su ministerio estuvo gran parte del tiempo a solas, a menudo pasando la noche entera en soledad y oración antes de servir a las necesidades de sus discípulos y oidores del día siguiente.

Sobre la base de tal preparación, Jesús fue capaz de llevar una vida pública de servicio por medio de la enseñanza y la sanación. Fue capaz de amar a sus compañeros más cercanos hasta el final, aun cuando ellos lo defraudaron y parecían incapaces de compartir fe y obras. Y luego fue capaz de morir una muerte sin igual por su belleza intrínseca y su efecto histórico.

Es en esta verdad donde yace el secreto del yugo fácil: vivir como él vivó integralmente, adoptando su estilo de vida. Estar «en sus pasos» no equivale solo a comportarse como él lo hizo en determinadas circunstancias. Vivir como cristo vivió, es vivir como él lo hizo toda su vida.

Nuestro error radica en pensar que seguir a Jesús consiste en amar a nuestros enemigos, caminar la «segunda milla», volver la otra mejilla, sufrir con paciencia y esperanza, mientras vivimos el resto de nuestra vida como lo hacen todos los que nos rodean. Esto es como los jóvenes aspirantes a ser jugadores de béisbol que mencionamos antes. Es una estratagema condenada a fracasar y hacer «difícil y sin pruebas» el camino de cristo. En verdad ese no es el camino de Cristo, así como actuar de cierta manera en el fragor de un juego no es la vía de un atleta campeón.

Sea lo que fuera lo que nos haya guiado a este falso enfoque, es simplemente un error. Y con seguridad nos hará pensar que los mandatos de Jesús acerca de nuestras acciones durante situaciones específicas son definidamente abrumadores y «gravosos», para usar un término encontrado en algunas antiguas versiones del nuevo Testamento. en vez de un yugo fácil, solo experimentamos frustración.

Pero este enfoque falso en seguir a cristo tiene su contraparte en toda la vida humana. Es parte de la condición descaminada y caprichosa de la humanidad que cree con tanta devoción en el poder solo del esfuerzo en-el-momento-de-la-acción para lograr lo que queremos, ignorando completamente la necesidad del cambio de carácter en nuestra vida como un todo. El defecto humano general es querer lo que es justo e importante, pero a la vez no comprometernos con el tipo de vida que lleva a la acción que sabemos correcta y a la condición que queremos disfrutar. Este es el aspecto del carácter humano que explica por qué el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones. Nuestra intención es lo justo, pero evitamos la vida que lo hace realidad.

Por ejemplo, algunas personas quieren pagar genuinamente sus cuentas y ser responsables en el plano financiero, pero no están dispuestas a llevar una vida que lo haga factible. Otros desearían tener amigos y una vida social interesante, pero no están dispuestos a adaptarse para llegar a ser el tipo de personas donde esto se da de manera natural.

El mismo concepto es aplicable en mayor escala. Muchos se lamentan por los problemas que se crean a partir de la deplorable conducta sexual de hoy, pero no hacen nada para impedir que el rol del sexo en los negocios, el arte, el periodismo y la recreación permanezca en el nivel del cual surge naturalmente tal depravación. Otros dicen que desearían prescindir de las armas de la guerra, pero al mismo tiempo mantienen actitudes y valores hacia la gente y las naciones que hacen inevitables las guerras. Preferimos cualquier disturbio social o una revolución, siempre y cuando se preserve nuestro estilo de vida.

En su reciente libro The Road Less Traveled, el psiquiatra M. Scott Peck observa:

Hay muchas personas que conozco que poseen una visión de evolución [personal], pero parecen carecer de voluntad para alcanzarla. Quieren, y creen que es posible, saltarse la disciplina para encontrar un atajo a la vida de santidad. A menudo intentan alcanzarla simplemente imitando las superficialidades de los santos, retirándose al desierto o involucrándose en la carpintería. Algunos aun creen que por tal imitación han llegado a ser santos o profetas, y son incapaces de reconocer que aún son niños y también de enfrentar la dolorosa realidad de que deben comenzar por el principio y atravesar el centro.

Así, paradójicamente, en nuestro esfuerzo por evitar los dolores necesarios de la disciplina perdemos el yugo fácil y la carga liviana. luego caemos en la frustración desgarradora de tratar de hacer y ser los cristianos que sabemos que debemos ser, sin la necesaria visión y fuerza que solo la disciplina puede proveer. Nos desequilibramos y somos incapaces de manejar nuestra vida. El Rr. Peck nos recuerda el certero diagnóstico de Carl Jung: «la neurosis es siempre un sustituto del sufrimiento legítimo».

De modo que los que dicen que somos incapaces de seguir a cristo, en cierto modo tienen razón. No podemos siempre actuar «en el momento» como él lo hizo y enseñó si el resto del tiempo vivimos como lo hace todo el mundo. Los episodios «en el momento preciso» no son el lugar donde podamos, aun por la gracia de dios, redirigir las arraigadas tendencias de acción ajenas a cristo hacia un repentino parecernos a él. Nuestros esfuerzos por asumir el control en ese momento fallarán tan rotunda y tan vergonzosamente que todo el proyecto de seguir a cristo parecerá ridículo al mundo que nos observa. es una experiencia que todos conocemos.

(Continues...)



Excerpted from El ESPÍRITU de las DISCIPLINAS by Dallas Willard Copyright © 1990 by Dallas Willard. Excerpted by permission.
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Table of Contents

Contents

Prólogo....................ix
Prefacio....................xi
1. El secreto del yugo fácil....................1
2. Hacer práctica la teología de las disciplinas....................11
3. La salvación es una vida....................28
4. "Poco menos que un dios"....................44
5. La naturaleza de la vida....................56
6. La vida espiritual: la realización del cuerpo....................75
7. La psicología de la redención de San Pablo. El ejemplo....................95
8. La historia y el significado de las disciplinas....................129
9. Algunas disciplinas fundamentales para la vida espiritual....................155
10 ¿Es espiritual la pobreza?....................193
11. Las disciplinas y las estructuras de poder de este mundo....................219
Epílogo....................251
Apéndice I: el consejo de Jeremy Taylor sobre la aplicación de las reglas para la vida santa....................255
Apéndice II: El discipulado: ¿Solo para supercristianos?....................259
Bibliografía....................267

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