La Reina Jade (The Queen Jade)

La Reina Jade (The Queen Jade)

Paperback(Spanish - Language Edition)

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Overview

La Reina Jade—una piedra preciosa de gran belleza y que, se decía, otorgaba poder a quien la poseyera—era solo una leyenda maya que durante siglos había cautivado a exploradores y sabios que pisaban el Nuevo Mundo, como Beatriz de la Cueva, gobernadora de aquellas tierras en el siglo XVI, o el naturalista y viajero Alexander von Humboldt.Lola conoce bien el poder de seducción de este mito. Buscar la preciada gema azul ha sido la obsesión de su madre, una arqueóloga especialista en la cultura maya, y todo apunta a que su precipitado viaje a Guatemala, ahora devastada por el huracán Match, se debió a que finalmente logró descifrar el misterio de su paradero. Lo último que Lola sabe de su madre es que se adentró en la selva y desapareció. Si quiere encontrarla, deberá seguir sus pasos y descodificar las pistas ocultas en cartas, relatos antiguos y oscuros jeroglíficos, con la esperanza de que la conduzcan hasta la Reina Jade. Una perfecta combinación de aventura y misterio histórico, La Reina Jade cautivará la atención de sus lectores y los dejará embelesados hasta el final.

Product Details

ISBN-13: 9780060841348
Publisher: HarperCollins Publishers
Publication date: 04/08/2008
Series: Red Lion
Edition description: Spanish - Language Edition
Pages: 384
Product dimensions: 5.31(w) x 8.00(h) x 0.86(d)

About the Author

Yxta Maya Murray is the author of The Conquest—winner of the Whiting Award—and The King's Gold, the second novel in her acclaimed Red Lion series. She is a professor at Loyola Law School and lives in Los Angeles.

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La Reina Jade
Novela

Capítulo Uno

La entrada de mi madre turbó la serenidad de la vacía librería.

—¿Niña?—gritó, y su portazo hizo sonar con fuerza la campanilla de latón—. ¿Estás ahí, criatura?

—Ssí—respondí desde la trastienda de la librería.

—Lola, ¿dónde estás?

—Aquí, en la oficina, mamá. Un momento.

—Bueno, no me hagas esperar. ¿Recibiste mi mensaje acerca de las fotocopias que necesito? ¿Están listas? Tengo un taxi esperando en la puerta.

Juana Sánchez aguardaba de pie en medio de la librería. Su larga melena plateada brillaba entre las sombras de color caramelo; llevaba un bolso de lona colgando del brazo y su capa de mezclilla echada sobre los gruesos hombros. Empezó a tararear, impaciente y desafinando, una melodía, mientras yo dejaba una tercera edición de La isla misteriosa de Julio Verne sobre el escritorio. Soy delgada y tengo el pelo rizado, así que no me parezco mucho a mi madre, salvo en el gusto por la ropa extravagante. Cogí mi chaleco al estilo del Oeste y, haciendo sonar mis viejas botas rojas de Patsy Cline, salí de detrás de una pila de libros de la trastienda de El León Rojo, la librería de mi propiedad, situada en Long Beach.

Mi madre dejó de tararear cuando me vio aparecer.

—Ya era hora. ¿Qué hacías ahí a oscuras?

Me acerqué y ella empezó a tirar de mi rebelde flequillo negro conrápidos movimientos de la mano.

—Envolver unas cosas—contesté.

—¿Has tenido trabajo?—Me sacudió un imaginario polvo de los hombros, me alisó las arrugas del cuello pasando los pulgares con fuerza, y finalmente me plantó un leve beso en la mejilla. Reí.

—¿Tú qué crees?

—No seas pesimista. Las cosas mejorarán. Aunque, cuanto menos tiempo dediques a trabajar, más tiempo tendrás para mí. ¿O has olvidado que me voy esta noche? Seguro. ¡Eso te ocurre por pasarte el día y la noche metida en esta tienda, leyendo esos malditos libros, en lugar de venir conmigo a la selva de vez en cuando! Te lo he dicho muchas veces. Un par de días en la selva es lo que te hace falta para poner los pies en la tierra, criatura, para madurar. Quizá entonces recuerdes cuándo tu madre se va del país.

—Lo recordaba perfectamente. Estaba a punto de hacerte las fotocopias.

—Ya—dijo, entornando los ojos para mirarme.

—Y no creí que estuviera invitada a este viaje.

—La verdad es que esta vez no lo estás.—Me rodeó la cintura con el brazo y me estrujó contra sí—. He preparado unas pequeñas vacaciones para mí solita. Recorreré los lugares que visitó De la Cueva, la ruta que ella siguió cuando buscaba el jade. Solo por diversión. Necesito pasar un tiempo lejos de aquí.—Carraspeó—. Pero no te ofendas. Hablo en general.

—Anoche ya me dijiste que ibas a seguir el rastro de Beatriz de la Cueva. Y seguro que también el de De la Rosa, ¿no es cierto?

—Supongo. Pero no hablemos de Tomás. Es demasiado triste el modo en que murió.

—Neumonía.

—Eso dicen. Pero nadie parece saber dónde fue enterrado, ¿verdad?

—No, que yo sepa.

Mi madre me dio la espalda y examinó algunos de los libros que cubrían las paredes.

—Creo que tu padre está un poco triste, por extraño que parezca. Y será duro para Yolanda. Echará de menos a su padre.

—Lo siento mucho por ella. Hace años que no hablo con Yolanda.

—Sí, pero decidimos que sería mejor así.

—Lo sé.

—Aunque en otro tiempo fuimos todos amigos.

—Lo siento, mamá—dije, tocándole el hombro.

—Hablemos de De la Cueva—dijo ella con voz firme.

—Por mí, perfecto. Veamos. La antigua gobernadora Beatriz...

—Fue la primera europea que fue en busca de la piedra, ya sabes.

—Sí, lo sé—dije—. Conozco la historia casi mejor que tú. Estoy pensando en traducirla al inglés.

—¿En serio?—Esbozó una sonrisa de complacencia.

—Podría editarla yo misma y venderla aquí, en la librería.

—Es una idea divertida, pero dudo que conozcas la historia tan bien como yo.

—¡Vamos! Es la leyenda de la reina mágica de todos los jades; otorgaba el poder absoluto a aquel que consiguiera hacerse con ella...

—Pero también acababa destruyendo a sus dueños—me interrumpió—. Cualquier persona que veía o tocaba el jade se obsesionaba con él. Al menos dos de sus poseedores tuvieron un espantoso final; luego, una bruja lo ocultó y lo maldijo. Según cuenta la historia, si alguien tratara de robarlo, el mundo sería destruido por agua y fuego...

—Pero esa amenaza no sirvió para ahuyentar a nadie—dije—. Y aún menos a los europeos. En el Renacimiento hubo una expedición a la selva para ir en busca de la piedra. Pero no tuvo demasiada fortuna. Había un Laberinto del Engaño y un Laberinto de la Virtud . . . un esclavo que mintió . . . unos españoles muy ingenuos...

—Por todo ello—dijo mi madre, enarcando las cejas—, puede decirse que es toda una aventura. Deberías tener el libro en la tienda y hacerme una copia.

—Lo tengo por aquí—dije—. Solo tardaré un momento en fotocopiarlo.

—Y las Cartas de De la Cueva.

—Las cartas ya las he fotocopiado—dije, y rápidamente fui a por el libro.

Encontré la edición de 1541 de La leyenda de la reina Jade de Beatriz de la Cueva en lo más alto de la estantería dedicada a «Grandes villanos de la historia colonial», donde se encuentran algunos de los libros de intriga más espeluznantes de mi tienda. Puedo dar fe de ello, ya que soy experta en historias de este tipo y El León Rojo está especializado en libros de fantasía y aventuras. Desde que la inauguré en 1993, me aseguré de que la librería animara a sus clientes a sumergirse en las gloriosas obras de este género y me dediqué a comprar las mejores bibliotecas privadas de las que tenía noticia. También la doté de estanterías de nogal elegantemente talladas y de mullidas butacas de cuero que a menudo estaban ocupadas . . .

La Reina Jade
Novela
. Copyright © by Yxta Maya Murray. Reprinted by permission of HarperCollins Publishers, Inc. All rights reserved. Available now wherever books are sold.

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